Kim y Trump se aman

En mi tierra es frecuente escuchar entre los jóvenes el siguiente dicho: “los que se pelean, se aman”. No podría decir que todos los casos han sido así, pero sin lugar a dudas, éste lo es. Los enemigos se “aman”. Claro que es un amor muy extraño, basado en la necesidad y la locura, pero es un lazo que asegura la propia existencia.

Es tan fuerte la necesidad de uno por el otro, que probablemente su enemistad, les asegure el asiento presidencial a ambos. Es decir, esta serie de ofensas en las que incurren, no es más que un escenario enfermizo que oculta o descarta la posibilidad de pensar un líder (presidente) más coherente, o por lo menos, oponerse a la locura del líder (porque hay un enemigo mayor). Y esto aplica para ambos casos. El miedo es un mal aliado de la sensatez, a la vez que un excelente medio para los autoritarismos irreflexivos.

Tanto uno como otro, en su retórica, se aseguran un cierto monto de aceptación ciega, ya que nadie querría una crisis política previa, antes de un ataque o una guerra. Lo que aún es peor, es el efecto arraste. Poco a poco, la escalada de tensión va envolviendo a otras naciones y organismos internacionales. Y aún peor, lo que comenzó con indirectas, fue transformándose en una confrontación directa, al punto de no saber si el teatro terminará, o comenzará una barbarie más para nuestro tan dolido presente.

Una mentira mil veces repetida, cobra fuerza de realidad. Opera una suerte de autoconvencimiento. Así como en tiempos de la guerra fría el mundo estaba dividido en dos, y los unos y los otros miraban y decían del enemigo las atrocidades que cometían, lo terriblemente infrahumanos que eran, y toda clase de disparates que las fantasías de terror alimentan. Hoy podemos ver que ni el capitalismo, ni el comunismo eran tal o cual cosa, y que los que habitaban en ambos bandos no eran más iguales o diferentes que nadie. No habían desarrollado branquias, ni extremidades o poderes especiales, no eran terribles asesinos unos y corderos los otros. Eran enemigos, y eso lo explica todo. Ese era el marco de referencia para el horror y la demencia. Hoy, tanto Corea del Norte como Estados Unidos, padecen la misma enfermedad.

Toda clase de ataque está justificado en la órbita del miedo. No obstante, eso no lo hace ni sensato ni justo. Puede que tengan “razón” en alguna cosa, sin embargo, están completamente desatinados en cuanto al método de esbozarlo, y caen en el vaciamiento de sentido. La verdad es que nadie le cree a Kim y a Trump, a no ser sus enfermizos simpatizantes. Han perdido credibilidad, es innegable. Tanto uno como otro sostienen su figura en el marco de la locura y la barbarie, nada bueno para un presidente o una nación. Quién dice que está dispuesto a hacer arder una tierra (con todo lo que hay dentro) en repetidas ocasiones, sin tener en cuenta que lo que afirma es una ofensa para toda la humanidad, que es un ataque que costará la vida de millones de inocentes, que trae la memoria de “viejos desastres”, y que por cierto, no tiene ningún beneficio o sentido, no merece apoyo. 

La verdad es que ambos se han llevado a un lugar donde no queda más que retirar el apoyo, las alianzas, los recursos, la confianza, y hasta que no se sienten y respiren un poco antes de continuar con la insensatez, no se puede avanzar ni dialogar nada. El odio ciega. El miedo ciega. No se puede pedir a alguien en ese estado que resuelva algo. La resolución del miedo es el ataque o la huída, nada más. Esa no es una solución. 

Basta con no proporcionar más apoyo a discursos tan abominables, reconocer que en nombre del “bien”, algo así no puede suceder. La justicia no puede tener sangre en sus manos, como tampoco la libertad. Serían ciertamente envenenadas, y tarde o temprano degradarían en barbarie y corrupción. Gandhi afirmaba que una causa noble requería medios nobles para su logro. Eso es lo que necesitamos, una causa noble con medios coherentes. Nadie puede perseguir el bien haciendo el mal. Nadie. Y todos sabemos que sea como sea, un ataque con misiles o portaaviones, no suena a “hacer el bien”.

Seamos sensatos y no apoyemos el odio. No necesitamos estar de un lado o del otro. No hay dos bandos, sólo hay uno, y es el odio que engendran los enemigos. Ese es su maná, pero no el nuestro. No queremos enemigos. Queremos paz.

No hay buenos y malos, sino poblaciones enteras que padecen el terror y lo menos que necesitan es que nos sumemos a ésta montaña rusa. Necesitan nuestra sensatez, nuestra decisión de acabar con las alternativas belicosas. Necesitan ver quién no hay bandos, sino un circuito cerrado de odio, pero no hay nadie más en juego. Sólo el odio. Necesitan verdadera ayuda, una que se desmarque del circo, necesitan nuestra entereza de que lo que está sucediendo, no está bien, ni lo estará, ni jamás ha estado o podrá estarlo.

Queremos paz. Y para ello, debemos actuar coherentemente. Una causa noble requiere medios nobles, lo dijo uno que lo logró, y al parecer muchos ilustrados (Kim y Trump entre ellos) aún no lo creen o entienden.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s