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Opiniones, pensamientos, reflexiones. Un paisaje, una mirada, transitar por los espacios y el tiempo, los tiempos.

El Islam no es lo que “parece”… 

Necesitamos una nueva visión del Islam. Como en cualquier hábito de lo humano, están los que obran justamente, y los que no. La propaganda hace lo suyo. Demoniza su es necesario. Recuerdo cuando la guerra de Vietnam, no había seres más despreciables que los vietnamitas, y los comunistas… uf… Pero ahora sabemos que eso no fue ni es así como lo mostraron. 

Ahora cmpartamos una visión más sencilla y humana (no de película), acerca de esta religión.

Aprende de todo y todos

“Olvida que has nacido hindú y tampoco adoptes todas las costumbres de los americanos. Toma lo mejor de ambos. Sé tú mismo, tu verdadero ser, un hijo de Dios. Busca e incorpora a tu ser las mejores cualidades de todos tus hermanos, diseminados en todos los lugares de la Tierra en las diversas razas.”

Sri Yukteswar a Paramahansa Yogananda, en Autobiografía de un Yogui.

Qué más se le puede pedir a un ser humano? Muchos andan en busca de bienes materiales, compiten por atributos y cualidades, en un intento vano por destacar. Mas, hay quienes ven más allá y elevan la condición humana a lo más alto.

Por encima de las nacionalidades, las creencias, las religiones y las condiciones sociales, los sabios se muestran como un bálsamo para toda la conciencia humana. A veces como artistas, otras como científicos, filosofos o maestros espirituales (o como todas ellas), estos nos trasladan por encima de nuestros propios límites autoimpuestos.

No ven intereses propios, pues no entienden de cosas tan insignificantes.

Cuán sencillo puede ser un pensamiento, y a la vez completo. Propiciando la hermandad, la superación espiritual, la reafirmación de un entendimiento personal de la divinidad, que a su vez, incluye a todos, dejando de lado la vanagloria, la competencia y la oposición de ideas, que a veces nos distraen tanto… 

Este es un breve y humilde agradecimiento, por su simpleza y profundidad, la cual nos regalan invariablemente, siendo lo que son (e invitando con su ejemplo a ser auténticos, libres).

Muchos son, de varios lugares en el tiempo y en el espacio. 

Gracias a todos. 

Dejar de ganarse la vida para empezar a compartirla

Por encima del paradigma económico que se basa en acumular, comienza a abrirse paso, poco a poco pero contundentemente, el nuevo paradigma basado en compartir. Los ejemplos son, si no infinitos, por lo menos incontables, y tanto la realidad real como la realidad virtual atestiguan que hoy estos movimientos a contracorriente son tantos y con tantas formas y modalidades que ya no pueden considerarse simples excepciones a la regla, sino que empiezan a ser la regla, a pesar de moverse todavía en la periferia del sistema.

En 2005, el estadounidense Thomas Schelling recibió el Premio Nobel de Economía por demostrar que la gente tiende a cooperar mucho más de lo que quieren aceptar los modelos económicos vigentes. Y él no es el único economista notable que ha comprobado que el sistema actual debe reencaminarse hacia nuevos y mejores rumbos: el economista bengalí Amartya Sen, también galardonado con el Nobel en la materia, afirma que «La economía es una cuestión de fines con repercusión ética, y por eso, también debería ofrecer respuesta a la pregunta ¿cómo hay que vivir?» Esto mismo es planteado por el escritor y también granjero estadounidense Wendell Berry de la siguiente manera:

Hemos vivido bajo el supuesto de que lo que es bueno para nosotros es bueno para el mundo; pero nos hemos equivocado, en realidad es al contrario: lo que es bueno para el mundo es bueno para nosotros. Debemos pues, esforzarnos más por conocer el mundo, y saber qué es bueno para él.

En Sacroeconomía, Einseinstein intenta justamente dar una hoja de ruta para eso a lo que él llama «el dharma2 del dinero»:

Cualquier iniciativa que reduzca la esfera del dinero está usando la economía del obsequio. Por eso, para mí, la subsistencia correcta para este tiempo es volver a vivir de los regalos que podemos ofrecernos los unos a los otros […] Yo no abogo por un altruismo en el que prescindamos del beneficio personal a favor del bien común, yo más bien, lo que preveo, es una fusión del bien común con el beneficio personal. Es innegable que hemos entrado en un momento colectivo de crisis, y que no basta con cambiar nuestra actitud sobre el dinero: debemos transformar el dinero mismo con nuestra actitud hacia él […] Todos somos capaces de sentir la caída del sistema actual, todos sentimos que lo viejo se vuelve insoportable, pero estamos asustados porque lo nuevo no acaba de manifestarse, al menos no de una forma masiva que pueda darnos más confianza; pero el cambio ya está aquí, y la mayoría de nosotros (lo sepamos o no, lo aceptemos o no) estamos irremediablemente viviendo entre dos paradigmas. Lo que necesitamos ahora, lo que nos hace falta, es simplemente confiar […] No pongas tu confianza en la conversión del mundo, eso es muy grande: confía solamente en que deseas hacer cosas hermosas con tu vida. Esa confianza multiplicada es lo que acabará por cambiar el mundo […] El propósito es poner tus energías en aquello que más te apasione. Actualmente, hay muchísimos individuos que lo están haciendo, y si para ellos funciona, ¿por qué no habría de funcionar para todos nosotros?

El propio Einseinstein intenta vivir su vida inmerso en la lógica de una sacroeconomía: como escritor ha renunciado a los derechos de autor de sus libros y los ha colgado en Internet para que puedan bajarse de manera gratuita, aun así, se han vendido alrededor de unas treinta mil copias de sus varios títulos. Cuando ofrece o le piden conferencias, tampoco cobra por ellas, sino que él mismo hace girar la rueda de «la economía del obsequio» invitando a los asistentes a cooperar con lo que ellos consideran que pueden o les parece justo dar; de hecho, confiesa que hace años estuvo en total bancarrota, y que fue justamente la ayuda desinteresada que recibió en su propio momento de crisis lo que le animó a pensar que una forma de subsistencia basada en la ayuda mutua no solo era posible, sino que en realidad «el obsequio» es una forma de economía que no ha desaparecido del todo en ningún lugar ni en ninguna época.

La cuestión ahora consistiría en hacernos conscientes y simplemente fortalecer la actitud de dar, compaginada con la actitud de saber recibir; ese círculo virtuoso hará comunidad e irá haciendo decaer el círculo vicioso actual, donde —aparentemente— todo está monetizado. Para este autor, la transición a una sacroeconomía va irremediablemente acompañada de una transición psicológica, puesto que, a diferencia del dinero que es impersonal, el obsequio crea lazos con otros seres humanos, con el propio trabajo o la propia creación y, por eso, acaba finalmente restituyendo la relación con el ser. Es así como, desde su visión, podremos comenzar a dar un nuevo relato social a la economía, y haremos nuevos acuerdos tanto con nosotros mismos como con el resto del planeta.

Fuente: Tiny House Blog

Artistas, músicos, sanadores y en general muchos de nuestros jóvenes están ya, y desde hace algún tiempo, incluso antes de la llegada «oficial» de la crisis, resistiéndose a un sistema que promete liberar, pero que en realidad esclaviza; que promete unir y globalizar, pero que en realidad está separándonos cada vez más. Dejamos de vivir para dedicar toda nuestra energía a «ganarnos la vida», y para adquirir cosas que no nos son necesarias, pero que nos hacen sentir vivos con la promesa de llenar un vacío que nunca desaparece, esta es la trampa que Charles Einseinstein (y otros autores) proponen saltar si queremos hacer un cambio.

Durante muchísimo tiempo, siglos enteros, nos hemos acostumbrado a este mundo de desigualdad, de violencia, de fealdad, de lucha constante… todo esto parece ir siempre en aumento, y nosotros lo hemos normalizado […] y nos hemos olvidado que algo diferente, y mejor de lo que tenemos hoy, sí que ha existido antes, y que puede existir de nuevo. En este momento hay muchísimos ciudadanos que están soportando el peso de sostener el nuevo paradigma económico, son ellos los que saben que lo que hacen es valioso, y por eso prefieren no participar, no malbaratar su trabajo y no venderse con él, porque saben que es su don personal, su esencia, su regalo al mundo. Casi siempre son los artistas los que quieren ser apreciados, no comprados […] pero no solo los artistas, ya hay muchísimas profesiones y negocios que saben que lo que hacen tiene un valor, y no un precio… pero toda persona y toda profesión tiene ese potencial, el potencial de lo sagrado… ¿Quién no querría sentir que lo que hace es especial y único? Tal vez no es fácil, pero es posible empezar a cambiar la pregunta, y pasar de: ¿cómo me gano la vida? a ¿cómo y a quién puedo ofrecer los dones que tengo?

Así, para Einseinstein, el cambio individual, que eventualmente debería crecer y convertirse en masa crítica, reside en recuperar la confianza y descubrir cuáles son los dones que cada uno posee: dos pasos sencillos y a la vez complejos, pero no imposibles. La propuesta es recuperar el sentido sagrado en lo personal que nos conducirá a reconocer lo sagrado en lo general, así entre las personas como en la naturaleza, puesto que ambos recursos son la clave de cualquier economía, y expoliarlos, tal como sucede ahora, solo nos está llevando a una quiebra que va mucho más allá de lo estrictamente monetario.

La idea de una sacroeconomía supone vivir y disfrutar la vida de manera respetuosa, y abandonar este mundo sabiendo que lo dejamos con un aspecto más hermoso del que tenía cuando llegamos. Para eso son nuestros dones, por eso debemos aprender a obsequiarlos.

El catastrofismo imperante en nuestros días puede que nos impida ver salidas a la encrucijada económica actual; sin embargo, no es difícil aceptar que en realidad la situación financiera nos está demostrando todos los días que la verdadera crisis que nos aqueja es moral y no monetaria: es la crisis de una sociedad que le ha entregado todo su poder al dinero, a un símbolo que por sí mismo no tiene poder, pero al que le hemos dado la potestad de moldear no solo el destino presente, sino incluso el de las generaciones futuras. Tal vez, pues, esta crisis y esta encrucijada de hoy nos están obsequiando una oportunidad.

Dice Sam Keen en El dios de la danza: «Cuando los dioses hablan con voces contradictorias, o se quedan en silencio, entonces los hombres deben decidir. Si la autoridad ha caído, ¿dónde está el individuo para descubrir los principios de un estilo de vida auténtico?»

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Por una economía que recupere el sentido de lo sagrado

Qué poder, qué transformación monstruosa ha convertido al dinero en un agente de escasez, y qué hay detrás del oscuro poder financiero? En 2011 un joven escritor, humanista y ecléctico, escribió Sacred Economics oSacroeconomía; en su libro, el estadounidense Charles Einseinstein asegura que la sangría de la crisis económica actual es una vieja herida que proviene precisamente de Norteamérica, y del llamado ‘New Deal’ de los años 30: “Yo no defiendo la abolición del dinero, porque ese no es el problema, sino las cualidades que hoy le atribuimos. ¿Cómo sería el mundo si el dinero estuviera respaldado por riquezas como el agua limpia, el aire sin contaminar, los ecosistemas saludables y el acervo cultural? […] el sistema económico está muriendo y matándonos porque hemos convertido al dinero en un dios, y hemos desacralizado la vida de este planeta […] pero hemos llegado a un punto en que es urgente y necesario hacer nuevos acuerdos sociales y resignificar el poder del dinero”

El sistema financiero actual es un universo secreto. Un orden en sí mismo. Una comunidad cerrada, que es casi como una secta. Existe esta “divinidad” y tu trabajo se convierte en un sacrificio personal a este Dios […] y ¿qué obtienes a cambio? Sí, dinero, pero el dinero en sí no es lo importante, sino lo que el dinero representa: reconocimiento, afecto. Incluso amor. Y este es el gran secreto del dinero de hoy: los valores que a él asociamos. Ya no se trata de la cantidad, porque hoy en día, el dinero es como el amor: nunca tienes suficiente. Quienes trabajan ahí dentro, sean jóvenes o viejos, suelen ser personalidades muy débiles, muy necesitadas de afecto, con serias carencias de autoestima. Pero no es como lo cuentan los medios, no es que haya un grupo oscuro dando órdenes y queriendo conquistar el mundo, más bien es como un espíritu que lo impregna todo. El sistema es recreado por las personas que, movidas por ese Dios del que hablo, buscan lo mismo: más y más beneficios sin importar el costo: tú entregas veintiocho millones, y obligas al Estado a devolver cien millones. Así funciona. Y tienes el poder de llamar a Grecia y decirles: o nos entregan el dinero, o irán a la bancarrota.

Rainer Voss mira directamente a la cámara que lo sigue mientras hace estas afirmaciones, que en realidad son más bien confesiones: una forma de liberarse del peso que carga por haber trabajado en las entrañas mismas del monstruo que describe. Durante veinte años, Rainer Voss ganó millones e hizo ganar millones, y probablemente también hizo que, durante el tiempo que se desempeñó como alto ejecutivo financiero, otros lo perdieran todo. Pero un buen día, Voss renunció a su cargo por voluntad propia; fue en 2008, justo en los albores de la actual crisis económica; pasó luego varios años recuperándose social y psicológicamente hasta que contó todo lo que sabía al también alemán Marc Bauder, quien dirigió el documental Der Banquer: Master of the Universe, Traducido como Confesiones de un banquero, estrenado mundialmente en 2013.

Hace apenas unos ciento cincuenta años, la política y la misma economía estaban condicionadas por la religión. Pero entre el siglo XX y el siglo XXI la sociedad cambió: el ser humano empezó a ser menos importante, y todo se volvió más apresurado, más agresivo, más competitivo. Hoy la nueva religión es el dinero […] pero no solo en el mundo financiero, tanto dentro como fuera todo se ha vuelto tan complejo que es difícil reconocer la relación entre nuestras acciones y sus efectos. La separación se ha acrecentado, y esta es la trampa, porque cuando alguien no es consciente de la relación “causa–efecto” de sus propias acciones la responsabilidad se vuelve una palabra vacía. Hoy los políticos han perdido poder e intentan hacer que la democracia actual encaje con los caprichos del mercado, y no al revés […] No hay tal cosa como una conflagración para dominar al mundo y esclavizarlo, pero es más fácil pensar eso, más fácil achacarle a alguien el problema del mundo, porque esas teorías nos quitan responsabilidad […] No, el problema del mundo recae sobre nosotros: somos nosotros los que hacemos y alimentamos el sistema monetario que tenemos hoy […] pero si no hacemos algo, si no implementamos un cambio, las consecuencias sociopolíticas de la crisis financiera pueden ser terribles: los ultra derechistas, los ultraconservadores crecerán, pero también crecerán las posiciones “ultra–anti–todo”. Esto es lo que me preocupa. No las pérdidas monetarias. Sino la pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿Qué pasa hoy con la humanidad?

El ex banquero Rainer Voss es el único y solitario protagonista de este filme documental que registra las confesiones del personaje mientras la cámara lo sigue por el interior de un enorme edificio vacío situado en la zona financiera de Frankfurt. Un edificio que es en sí mismo una interesante metáfora: es enorme, pero está vacío, tal como nuestra economía actual. Desde su interior puede observarse a lo lejos a la ciudadanía, pero sin mezclarse con ella, tal como actúa hoy nuestro sistema financiero. El edificio está recubierto de ventanas con cristales de espejo, metáfora de una transparencia unilateral, porque los de adentro observan y los de afuera ignoran. Pero, a fin de cuentas, la gente que no pertenece a ese recinto sí puede ver su imagen en esos gigantescos espejos, que son, después de todo, el reflejo de la sociedad que está afuera.

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Atentado en Orlando.

Una vez más la intolerancia se hace presente. El atentado en Orlando, no es sino una muestra de la fobia a la diferencia, fomentada minuto a minuto por la desfragmentada sociedad en la que vivimos.

En apenas tres horas, un tirador en Orlando ha reinventado una vez más el momento más desgarrador de la comunidad, atacada en 1973 en un incendio provocado en un bar gay de Nueva Orleans que dejó 32 víctimas. Este mismo domingo, poco después del tiroteo en Florida, un hombre con sus mismas intenciones fue detenido en Los Ángeles. ¿Dónde se reúne un grupo de personas cuando el lugar que consideraban más seguro se convierte en diana de los ataques?”
Fuente El País.

Se intenta vincular el atentado con el islamismo, pero no se puede decir que sea diferente un acto de intolerancia por la bandera que esgrima. No es más que derivar el foco. Este artículo pretende ir más profundo, no repetir fórmulas, sino que ir a la base. No importa de que color se vista el miedo y la intolerancia, es siempre una y la misma. Cambian las épocas y cambian las formas de ataque, pero la base es siempre la misma. Vayamos a ellas.

Más del 20% de los crímenes de odio perpetrados cada año en Estados Unidos están motivados por la orientación sexual de la víctima, según datos del FBI.
Fuente El País.

Qué significa esto? Nuestra cultura se basa en la exaltación de la deferencia, en la búsqueda de la superioridad, en la competencia, acaso no son estos, ingredientes para cultivar el odio y la desintegración social? La lucha de unos contra otros, el miedo a lo diferente?

De alguna manera, tenemos que modificar nuestros patrones de conducta y pensamiento. Cooperar no competir, complementariedad en vez de oposición, fijar propósitos comunes, no luchando por la supremacía, compartir el éxito de un objetivo, favorece a la totalidad.

¿Parece todo esto muy distante, que no tiene nada que ver con lo sucedido? El odio y el miedo, son la misma moneda, y se forjan en la oposición, el rechazo y la separación. De lo contrario, si entendiera que todo mal, es un mal que se hace a si mismo, nadie dudaría en hacer el bien (que a su vez, te haces a ti mismo).

La globalización demuestra claramente que ni siquiera los Estados están separados, que existe una interdependencia funcional y fundamental entre ellos; acaso, los humanos, creen que no están en la misma relación de interdependencia? Crees que vivir en una sociedad basada en el miedo al otro, a lo que está por venir, no tiene nada que ver con tu psicología, con tu forma de ver el mundo, con tu forma de relacionarte y afectar a otros?

Un cambio es posible y necesario. Pero no puedes ser pasivo ni aferrarte al miedo o al odio. Hay muchos ejemplos que muestran un camino de paz. Si eso es lo que buscas, lo primero es que empieces a ofrecerla. Tu cortas la cadena de odio, o la renuevas.

La muerte económica que anuncia un renacimiento humano

El informe Desperdicio de alimentos en época de crisis daba a conocer que las personas suelen tirar a la basura un tercio de la comida que se sirven. Lo cierto es que esta tendencia se repite no solo en el consumo de alimentos, y no solo en los países más ricos; en general, la nuestra es mayoritariamente una sociedad donde impera el hiperconsumo, donde querer tener enmascara el verdadero deseo interno de querer ser. Comprar es, pues, nuestro personal tributo al dios–dinero, y es la forma en que nosotros incentivamos el sistema financiero, el mismo que está, con participación nuestra, acabando con los recursos humanos y naturales del planeta. Sin embargo, y motivados por esta nueva conciencia que nos heredan las varias crisis que estamos enfrentando, hay una tendencia creciente de diversos movimientos que están, cada uno a su manera, poniendo en práctica nuevas formas de economía y subsistencia, nuevas maneras de «administrar» la casa, buscando restablecer la conexión perdida con la naturaleza y con el propio ser humano.

En Estados Unidos, por ejemplo, desde principios de los noventa nacieron las primeras comunidades de quienes se hacen llamar freegan (frigano, en español), y que se dedican a extraer de la basura tanto comida como utensilios en buen estado. Se trata de una corriente pacífica que ha sido replicada en muchas ciudades del mundo, y que con sus acciones, intentan oponerse al hiperconsumismo y a su consecuencia más directa: el hiperdesperdicio. Es la denuncia social de quienes nuestra sociedad denomina despectivamente «indigentes», pero convertida en un movimiento organizado que ya funciona en Estados Unidos, Brasil, Argentina, España, Corea, Estonia, Suiza y Gran Bretaña. En la actualidad, y aunque es difícil registrar a todos, se tiene conocimiento de unas cuatro mil comunidades de freegans que engloban a más de tres millones de personas repartidas por todo el mundo.

La crisis inmobiliaria, con su burbuja reventada entre 2007 y 2008, y de la que nos han dicho que fue la principal culpable del último crack económico, también ha generado su propio contra–movimiento social, pues, frente a los desahucios masivos organizados por la banca y el capital privado, cada vez son más las personas que, obligadas por las circunstancias o no, de manera organizada o no, han decidido irse a vivir en las denominadas tiny houses (casas pequeñas) como una forma de oponerse a la desmesurada usura del sistema inmobiliario. El Tiny Houses Mouvement, igual que el movimiento freegan, también existe desde mitad de la década de los noventa, pero ante los acontecimientos recientes ha ido ganando popularidad y seguidores en diversas partes del mundo, principalmente en los países desarrollados, y a las afueras de las grandes ciudades, donde comprar una propiedad es casi prohibitivo, y pagar un alquiler (incluso de lugares minúsculos) se ha convertido en una pesada carga económica para los ciudadanos, con sus consecuencias psicológicas tanto a nivel individual como social.

¿Movimientos utópicos? Podría ser. En todo caso, ese relato de «la isla donde existe el paraíso en la tierra», hecho por Thomas More en 1516, sigue inspirando y motivando la búsqueda de una sociedad más ética; y algunos la van encontrando, aunque solo sea por periodos específicos de tiempo y con grupos que piensan y sienten de manera similar. En pos de la utopía se camina —dicen— y a veces, hasta es posible «alquilarla», tal como hicieron en 2006 dos jóvenes ingleses que literalmente rentaron la isla Voroboro, situada en Oceanía, para realizar en ella un «experimento utópico»; así, por noventa y cinco mil dólares al año de renta simbólica por la isla, convocaron a ciudadanos de todo el mundo para que fueran a disfrutar de ese paradisíaco enclave, pero no como simples turistas, sino contribuyendo a crear con sus propias manos un desarrollo sostenible, supervisados por los habitantes nativos del sitio. Aquel experimento llamado Tribe Wanted (se busca tribu) estaba pensado para terminar a los tres años; sin embargo, la experiencia, a la que asistieron miles de personas de todos los rincones del planeta, no solo no ha finalizado, sino que, de las islas Fiji (donde está Voroboro) ahora se ha extendido a enclaves de Sierra Leona, en África; a Umbria, en Italia; a la isla de Bali o a Papúa, en Nueva Guinea; allí se instalan por un tiempo quienes quieren, aunque sea por un periodo de su vida, contribuir al sueño —supuestamente utópico— de la sociedad perfecta.

Estos no son, ni de lejos, los únicos casos de búsquedas y hallazgos de nuevas formas de economía y subsistencia; existen ahora grupos organizados del llamado «humaniturismo» que se organizan para visitar sitios del mundo golpeados por los desastres o las guerras con el fin de conocer los lugares y echar una mano con causas o necesidades específicas. Existen grupos en localidades de las grandes ciudades que están iniciando movimientos de agricultura sustentable en lotes abandonados o jardines públicos para alimentar a las comunidades aledañas. Existen también, conectadas por Internet, infinidad de comunidades digitales que se hacen globales y comparten información sobre modos de vida con el menor dinero posible, o de intercambio de objetos y servicios de manera gratuita. Aunque todos son diferentes, se trata (a pesar de que no seamos capaces de verlo) de un solo movimiento de mil caras: es la humanidad que no solo intuye, sino que sabe que otro mundo mejor y más bello es posible, a pesar de que el edificio financiero y monetario actual se esté cayendo a pedazos, o tal vez, es precisamente esa caída la que propicia esos nuevos experimentos sociales, económicos y humanos.

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Cambia!

El mundo tiene que entender que la cooperación es superior a la competencia, que la fragmentación debilita y la unidad fortalece, que el miedo es un fruto amargo, y el amor lo que todo ser vivo busca. Se paciente, el cambio de mentalidad requiere paciencia, pero certeza de que quieres y puedes ofrecer otra forma de relacionarte y estar en el mundo.

Ubuntu

Cine: Powder

Una película un tanto diferente (de esas que se publican aquí), con un gran contenido crítico y espiritual. Espiritual en el sentido más amplio, de aquellas necesidades humanas más altas, que se ven replegadas en una sociedad tonta y miedosa, que se esconde tras cada vano amuleto (que pueden ser modos sociales de relacionamiento) que encuentra. Recomiendo ampliamente.

Un nuevo sistema requiere de nuevos paradigmas

La palabra «economía» proviene del griego oikonomía, que significa «las reglas necesarias para llevar o administrar una casa, o una familia». En la acepción actual, economía es una ciencia que engloba las nociones sobre cómo las sociedades utilizan recursos escasos para producir bienes, y cómo han de ser distribuidos; algunos libros de texto de nuestros días la definen incluso como el estudio del comportamiento humano en tiempos de escasez; es decir, que el concepto vigente de la economía incorpora la escasez como punto de partida, y la escasez se define básicamente como un escenario de insuficiencia de recursos fundamentales para satisfacer las necesidades de un individuo o de una sociedad. Pero, ¿realmente vivimos en un mundo con escasez de recursos? ¿Realmente enfrentamos —como dice la definición etimológica de economía— una insuficiencia de medios y bienes para esta casa, esta familia, que somos todos los habitantes del planeta?

En el informe Desperdicio de alimentos en época de crisis, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao por sus siglas en inglés) y liberado en el año 2009, se determinó que anualmente se desechan en el mundo 1.3 millones de toneladas de comida; la mitad de esos alimentos van a dar a la basura aun antes de llegar a los consumidores. Por otro lado, la organización internacional Save the Children dio a conocer en 2011 que si los países más desarrollados hubieran cedido apenas seis días de su partida diaria destinada al gasto militar podrían haberse cubierto los dieciséis mil millones de dólares necesarios para que los niños de todo el mundo recibieran educación básica antes de finalizar el año 2015. Entonces ¿está el mundo realmente en crisis y en condiciones de escasez de recursos, sean estos naturales o monetarios? ¿O será más bien que la crisis que enfrentamos es de otra índole, tal como afirma el autor de Sacroeconomía?

Lo que genera escasez no son nuestros medios, sino nuestras percepciones —afirma en entrevista para Corresponsal de Paz Charles Einseinstein—. El sistema monetario actual es la manifestación de una mentalidad que ha dominado a la sociedad durante siglos enteros […] la filántropa Lynn Twist, por ejemplo, equipara al actual sistema con el juego infantil de las sillas: si hay más jugadores que sillas, todos competiremos e incluso pelearemos con otros con tal de encontrar un sitio, pero irremediablemente alguien quedará fuera […] así es el juego, y nosotros, al participar, co–creamos y recreamos a un sistema que acaba volviéndose contra nosotros. Y luego aparecen trampas como la avaricia o la usura, que no son, como solemos pensar, las causas de la crisis, sino meros síntomas del fallo sistémico. Pero las reglas del juego pueden cambiarse, y por eso, esta crisis es una gran oportunidad para hacernos otro tipo de preguntas. Tal vez tardaremos algún tiempo en encontrar respuestas, pero al menos emprenderemos caminos diferentes que nos lleven a nuevas conexiones, tanto con nosotros mismos como con el planeta que habitamos, puesto que estos son los verdaderos recursos con los que contamos.

Para este autor y filósofo estadounidense, la clave se encuentra en la interconexión; y esa reconexión debería ser el «nuevo valor del nuevo dinero», porque, como dijo en su momento el también filósofo y fundador del idealismo alemán Immanuel Kant, «en un mundo redondo, todos nos acabamos encontrando»; al parecer, ya él había comprendido esta misma clave desde el siglo xvii. La afirmación, nunca como hoy, cobra tanto sentido, pues, poco a poco pero a pasos agigantados, los problemas del mundo nos están acercando y cercando más: destrucción del medio ambiente, desastres naturales por el cambio climático, riesgos alimentarios, pobreza extrema, migraciones masivas, derrumbes financieros, precariedad laboral, inseguridad y violencia […] estas situaciones son comunes para todos hoy, y de alguna manera nos igualan, sin importar en qué latitud del planeta nos encontremos o a qué supuesta clase social pertenezcamos. A pesar de que la realidad nos une, aparentemente es nuestra idea de economía y dinero lo que nos separa.

En diversas partes de Sacroeconomía, Charles Einseistein afirma y se pregunta:

El extremo de la separación, que es lo que estamos viviendo, ya contiene necesariamente la semilla de lo que viene a continuación: el reencuentro […] la comunidad del futuro surgirá de las necesidades que el dinero, por su propia naturaleza no puede cubrir […] ¿Te imaginas una sociedad en la que el mayor prestigio y poder recayera en quienes mostraran una mayor propensión a dar? ¿Cómo sería el mundo si el nuevo dinero estuviera respaldado por riquezas como el agua limpia, el aire sin contaminar, los ecosistemas saludables y el acervo cultural? […] Dejemos de temer y de resistirnos al colapso […] Ahora es momento de preguntarnos qué relato colectivo deseamos, y elijamos por fin un sistema monetario que sea coherente a ese relato […] Preguntémonos: ¿En qué podemos contribuir cada uno de nosotros para construir un mundo distinto, un mundo más bello?

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Un otoño diferente

La realidad externa, se muestra esclava de los designios internos. Poco a poco, vamos abriendo paso a la comprensión del mundo psíquico, donde se construyen los significados, y por ende, todo cobra sentido. Si el mundo psíquico no le da lugar, no existe. Esta es la época donde comenzamos a explorar la mente…

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