​…No había nada de extraordinario: la verdad pura y sencilla revelada por mí mismo para mí mismo, una experiencia de la más absoluta humildad. 

Por eso se proclamaba tanto la humildad en los caminos espirituales. No había nadie más humilde que el Gran Espíritu. Lógico: sin ego no hay vanidad. El único que existe no tiene que ser alguien, solo Es.
Alejandro Spangenberg, en “Conversando con el Gran Espíritu.”

Anuncios