He nacido en un barrio pobre, en una familia pobre, sin embargo, con total certeza puedo afirmar que la miseria no tiene nada que ver con la pobreza material. Es más bien un efecto de la pobreza espiritual. Si hemos presenciado actos miserables, no podemos decir que sean patrimonio de “parias”.

La inversión de valores nos ha llevado a un punto grave, donde como todos saben, se supeditan cosas invalorables a valores pasajeros y relativos. Corremos tras objetos que parecen dar seguridad, o prestigio en un papel firmado, cosas que de por sí, esos objetos o papeles no pueden proporcionar. Esas burbujas, alguien, siempre las pincha.

No olvides, tienes una vida, no para esclavizarte, sino para alcanzar lo invalorable, ser lo invalorable. Ciertamente, nada de esto se encuentra en objetos que cambian su valor según quién los aprecie, o títulos que sólo valen en algunas ocasiones. No pierdas tu tiempo en esto.

La miseria ocurre cuando se le pide a lo que no es nada, que sea algo. Las propagandas, se ocupan encarecidamente de enlazar significado a sus artículos, pero, no los tienen. Todos parecen traer felicidad, comodidad, etc., pero cuando se adquiere dicho objeto, es apenas eso que tienes ante ti y tu sueño de ello.

No hay nada fuera. Nada. Ningún significado está fuera de ti. Por tanto, lo que sea que busques, no te engañes, si no está “dentro” primero, no estará “afuera” tampoco.

Veo a muchos sufrir por su miseria espiritual, de hecho, el mundo adolece de tal problema. Nos hemos olvidado de nosotros mismos. Decisión tras decisión alargamos un camino que es más sencillo de lo que aparenta. Pon delante de ti la felicidad de tu prójimo como si fuera la tuya, sin que esto apareje nada más que tu propia felicidad y verás como todo cambia.

Si recordáramos que mi felicidad depende y es la felicidad del otro, evitaríamos todo pesar. Se ha vuelto más fácil de ver que la miseria de unos, las injusticias o abusos que otros cometen, afectan mi vida de una u otra forma, pero no así su felicidad. Y esto, es un error lógico en una sociedad ezquisoide. Pero no deja de ser un error.

Aquí espiritual se entiende en su punto más amplio, tanto aquellos que creen en Dios como los que no. Todos, aspiramos a valores que nos trascienden a nosotros mismos, dándole a la humanidad un sentido superior a una simple vida de supervivencia y acopio de pertenencias.

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