Dejar de ganarse la vida para empezar a compartirla

Por encima del paradigma económico que se basa en acumular, comienza a abrirse paso, poco a poco pero contundentemente, el nuevo paradigma basado en compartir. Los ejemplos son, si no infinitos, por lo menos incontables, y tanto la realidad real como la realidad virtual atestiguan que hoy estos movimientos a contracorriente son tantos y con tantas formas y modalidades que ya no pueden considerarse simples excepciones a la regla, sino que empiezan a ser la regla, a pesar de moverse todavía en la periferia del sistema.

En 2005, el estadounidense Thomas Schelling recibió el Premio Nobel de Economía por demostrar que la gente tiende a cooperar mucho más de lo que quieren aceptar los modelos económicos vigentes. Y él no es el único economista notable que ha comprobado que el sistema actual debe reencaminarse hacia nuevos y mejores rumbos: el economista bengalí Amartya Sen, también galardonado con el Nobel en la materia, afirma que «La economía es una cuestión de fines con repercusión ética, y por eso, también debería ofrecer respuesta a la pregunta ¿cómo hay que vivir?» Esto mismo es planteado por el escritor y también granjero estadounidense Wendell Berry de la siguiente manera:

Hemos vivido bajo el supuesto de que lo que es bueno para nosotros es bueno para el mundo; pero nos hemos equivocado, en realidad es al contrario: lo que es bueno para el mundo es bueno para nosotros. Debemos pues, esforzarnos más por conocer el mundo, y saber qué es bueno para él.

En Sacroeconomía, Einseinstein intenta justamente dar una hoja de ruta para eso a lo que él llama «el dharma2 del dinero»:

Cualquier iniciativa que reduzca la esfera del dinero está usando la economía del obsequio. Por eso, para mí, la subsistencia correcta para este tiempo es volver a vivir de los regalos que podemos ofrecernos los unos a los otros […] Yo no abogo por un altruismo en el que prescindamos del beneficio personal a favor del bien común, yo más bien, lo que preveo, es una fusión del bien común con el beneficio personal. Es innegable que hemos entrado en un momento colectivo de crisis, y que no basta con cambiar nuestra actitud sobre el dinero: debemos transformar el dinero mismo con nuestra actitud hacia él […] Todos somos capaces de sentir la caída del sistema actual, todos sentimos que lo viejo se vuelve insoportable, pero estamos asustados porque lo nuevo no acaba de manifestarse, al menos no de una forma masiva que pueda darnos más confianza; pero el cambio ya está aquí, y la mayoría de nosotros (lo sepamos o no, lo aceptemos o no) estamos irremediablemente viviendo entre dos paradigmas. Lo que necesitamos ahora, lo que nos hace falta, es simplemente confiar […] No pongas tu confianza en la conversión del mundo, eso es muy grande: confía solamente en que deseas hacer cosas hermosas con tu vida. Esa confianza multiplicada es lo que acabará por cambiar el mundo […] El propósito es poner tus energías en aquello que más te apasione. Actualmente, hay muchísimos individuos que lo están haciendo, y si para ellos funciona, ¿por qué no habría de funcionar para todos nosotros?

El propio Einseinstein intenta vivir su vida inmerso en la lógica de una sacroeconomía: como escritor ha renunciado a los derechos de autor de sus libros y los ha colgado en Internet para que puedan bajarse de manera gratuita, aun así, se han vendido alrededor de unas treinta mil copias de sus varios títulos. Cuando ofrece o le piden conferencias, tampoco cobra por ellas, sino que él mismo hace girar la rueda de «la economía del obsequio» invitando a los asistentes a cooperar con lo que ellos consideran que pueden o les parece justo dar; de hecho, confiesa que hace años estuvo en total bancarrota, y que fue justamente la ayuda desinteresada que recibió en su propio momento de crisis lo que le animó a pensar que una forma de subsistencia basada en la ayuda mutua no solo era posible, sino que en realidad «el obsequio» es una forma de economía que no ha desaparecido del todo en ningún lugar ni en ninguna época.

La cuestión ahora consistiría en hacernos conscientes y simplemente fortalecer la actitud de dar, compaginada con la actitud de saber recibir; ese círculo virtuoso hará comunidad e irá haciendo decaer el círculo vicioso actual, donde —aparentemente— todo está monetizado. Para este autor, la transición a una sacroeconomía va irremediablemente acompañada de una transición psicológica, puesto que, a diferencia del dinero que es impersonal, el obsequio crea lazos con otros seres humanos, con el propio trabajo o la propia creación y, por eso, acaba finalmente restituyendo la relación con el ser. Es así como, desde su visión, podremos comenzar a dar un nuevo relato social a la economía, y haremos nuevos acuerdos tanto con nosotros mismos como con el resto del planeta.

Fuente: Tiny House Blog

Artistas, músicos, sanadores y en general muchos de nuestros jóvenes están ya, y desde hace algún tiempo, incluso antes de la llegada «oficial» de la crisis, resistiéndose a un sistema que promete liberar, pero que en realidad esclaviza; que promete unir y globalizar, pero que en realidad está separándonos cada vez más. Dejamos de vivir para dedicar toda nuestra energía a «ganarnos la vida», y para adquirir cosas que no nos son necesarias, pero que nos hacen sentir vivos con la promesa de llenar un vacío que nunca desaparece, esta es la trampa que Charles Einseinstein (y otros autores) proponen saltar si queremos hacer un cambio.

Durante muchísimo tiempo, siglos enteros, nos hemos acostumbrado a este mundo de desigualdad, de violencia, de fealdad, de lucha constante… todo esto parece ir siempre en aumento, y nosotros lo hemos normalizado […] y nos hemos olvidado que algo diferente, y mejor de lo que tenemos hoy, sí que ha existido antes, y que puede existir de nuevo. En este momento hay muchísimos ciudadanos que están soportando el peso de sostener el nuevo paradigma económico, son ellos los que saben que lo que hacen es valioso, y por eso prefieren no participar, no malbaratar su trabajo y no venderse con él, porque saben que es su don personal, su esencia, su regalo al mundo. Casi siempre son los artistas los que quieren ser apreciados, no comprados […] pero no solo los artistas, ya hay muchísimas profesiones y negocios que saben que lo que hacen tiene un valor, y no un precio… pero toda persona y toda profesión tiene ese potencial, el potencial de lo sagrado… ¿Quién no querría sentir que lo que hace es especial y único? Tal vez no es fácil, pero es posible empezar a cambiar la pregunta, y pasar de: ¿cómo me gano la vida? a ¿cómo y a quién puedo ofrecer los dones que tengo?

Así, para Einseinstein, el cambio individual, que eventualmente debería crecer y convertirse en masa crítica, reside en recuperar la confianza y descubrir cuáles son los dones que cada uno posee: dos pasos sencillos y a la vez complejos, pero no imposibles. La propuesta es recuperar el sentido sagrado en lo personal que nos conducirá a reconocer lo sagrado en lo general, así entre las personas como en la naturaleza, puesto que ambos recursos son la clave de cualquier economía, y expoliarlos, tal como sucede ahora, solo nos está llevando a una quiebra que va mucho más allá de lo estrictamente monetario.

La idea de una sacroeconomía supone vivir y disfrutar la vida de manera respetuosa, y abandonar este mundo sabiendo que lo dejamos con un aspecto más hermoso del que tenía cuando llegamos. Para eso son nuestros dones, por eso debemos aprender a obsequiarlos.

El catastrofismo imperante en nuestros días puede que nos impida ver salidas a la encrucijada económica actual; sin embargo, no es difícil aceptar que en realidad la situación financiera nos está demostrando todos los días que la verdadera crisis que nos aqueja es moral y no monetaria: es la crisis de una sociedad que le ha entregado todo su poder al dinero, a un símbolo que por sí mismo no tiene poder, pero al que le hemos dado la potestad de moldear no solo el destino presente, sino incluso el de las generaciones futuras. Tal vez, pues, esta crisis y esta encrucijada de hoy nos están obsequiando una oportunidad.

Dice Sam Keen en El dios de la danza: «Cuando los dioses hablan con voces contradictorias, o se quedan en silencio, entonces los hombres deben decidir. Si la autoridad ha caído, ¿dónde está el individuo para descubrir los principios de un estilo de vida auténtico?»

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