Ese dios caprichoso que nos aleja del mundo

¿Qué poder, qué transformación monstruosa ha convertido al dinero en un agente de escasez, y qué es exactamente el poder financiero? En 2011, dos años antes de que fueran exhibidas las «confesiones del banquero Voss», un joven escritor, humanista y ecléctico que estudió filosofía y matemáticas en la Universidad de Yale, respondía estas mismas preguntas, y llegaba prácticamente a las mismas conclusiones que el banquero arrepentido; en su libro Sacred Economics (economía sagrada) o Sacroeconomía (Evolver, 2011), Charles Einseinstein bosqueja no solamente los orígenes de la crisis financiera mundial, sino también un mapa social, una hoja de ruta para que la humanidad salga fortalecida de esta «venganza divina» que parece estar cobrándonos a todos el dios–dinero:

Escribí Sacroeconomía porque estaba cansado de leer y escuchar cosas que solo criticaban a la sociedad de hoy sin proponer alternativas; también me cansé de los que proponían soluciones inalcanzables y finalmente, de las teorías que son realizables pero que no explican con qué podemos contribuir, de manera individual, para lograr un cambio social global. Para mí, la crisis de hoy no es exclusivamente económica, ni el problema proviene necesariamente del dinero como tal. El dinero tiene un potencial positivo, no es casualidad que la mayoría tengamos sentimientos de amor–odio con respecto a él, pero eso sucede porque estamos permitiendo que sea el dinero quien nos domine, y no al revés. […] No se trata de una cábala de banqueros malvados, ni de los legendarios Illuminati, o el misterioso Club Bilderberg.1 Yo no creo en conspiraciones, creo en las aspiraciones que todos hemos fabricado alrededor del dinero. A fin de cuentas, es un acuerdo social que cada uno de nosotros refrenda en su propia vida. El sistema actual es una co–creación, y nosotros participamos de su existencia, por eso afirmo que es posible hacer cambios.

Einseinstein nació en 1967, y vive en Estados Unidos, donde también reside el centro neurálgico del sistema económico y monetario que actualmente nos rige a nivel global, y que hoy nos tiene al borde del colapso, no solo en términos financieros, sino en muchos otros niveles. Y desde ahí, este reconocido intelectual norteamericano propone que la crisis actual no es otra cosa que un punto de inflexión necesario, y prácticamente irremediable, que deberíamos aprovechar para empezar a hacernos un nuevo relato del mundo y edificar nuevos acuerdos sociales alrededor del enorme edificio vacío del dinero que hoy tenemos.

Para Charles Einseinstein, todo lo que hoy identificamos como las causas de la crisis económica no son sino síntomas recientes de una herida antigua que se originó precisamente en Norteamérica bajo el nombre, nada más y nada menos, que de Nuevo Acuerdo (New Deal), un contrato social para la distribución de la riqueza implementado en los años treinta por el presidente Franklin D. Roosevelt que se propuso afrontar los efectos de la Gran Depresión, y que acabó implementándose en la mayoría de las naciones del mundo durante la época convulsa que siguió a la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, es muy probable que la contusión económica que vivimos hoy tenga raíces mucho más profundas, después de todo, la humanidad ha aceptado el acuerdo social del dinero, convertido en símbolo de valor desde unos setecientos años antes de Cristo, mientras que la primera institución bancaria —que funcionaba bajo prácticamente los mismos principios de los bancos que conocemos hoy— ya operaba en la Inglaterra del siglo xvii, aunque a lo largo de la historia siempre han existido ya sea emblemas o mercancías utilizadas como divisas de intercambio. El intercambio, entendido como la interconexión y la sana interdependencia, es la esencia de la transformación social que propone el autor de Sacroeconomía, para quien el problema no es el dinero en sí, sino la «cosificación» que hacemos del mundo, de las personas y de la naturaleza en aras de obtenerlo.

No defiendo la abolición del dinero, lo que defiendo es restablecer su función original. En su forma «sagrada», el dinero representa un instrumento que concentra nuestras intenciones sociales. Es, por así decirlo, el hilo conductor de un «relato social» que nos conecta, el elemento común de una historia, pero no el protagonista en el que nosotros mismos lo hemos convertido. Vivimos atormentados entre el deseo y la escasez porque ese es el tipo de dinero que tenemos. Pero el colapso económico actual puede hacer que empecemos a crear por fin el tipo de dinero que queremos. A partir de ahora, podemos plasmar en nuestro dinero acuerdos que reflejen una nueva correspondencia con el planeta, con las especies que lo habitan, con nuestras relaciones sociales y en general, con todo aquello que consideramos sagrado, es decir, con todo aquello que, precisamente, el dinero no puede comprar; lo que no tiene (o no debería tener) un precio monetario.

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