El amor, les aseguro, es pasión.

Ustedes no pueden ser sensibles si no son apasionados. No teman a esa palabra pasión. Casi todos los libros religiosos, casi todos los gurús suamis, líderes y demás han dicho: «No sientas pasión». Pero si uno carece de pasión, ¿cómo puede ser sensible a lo feo, a lo bello, a las hojas susurrantes, a la puesta del sol, a una sonrisa, a un llanto? ¿Cómo puede ser sensible sin un sentido de pasión que implica la entrega total de sí mismo? Señores, por favor, escúchenme, no pregunten cómo adquirir pasión. Sé que todos son bastante apasionados cuando tratan de conseguir un empleo, o cuando odian a un pobre tipo, o cuando están celosos de alguien; pero yo me refiero a algo por completo diferente: una pasión que ama.
El amor es un estado en el que no hay «yo»; es un estado en el que no existe condenación alguna, ni un juzgar que el sexo es bueno o malo, que esto es superior y aquello otro es inferior. El amor no es ninguna de estas cosas contradictorias.
La contradicción no existe en el amor. Y ¿cómo puede uno amar si no es apasionado? Sin pasión, ¿cómo puede uno ser sensible? Ser sensible es percibir al vecino que se sienta junto a nosotros; es ver lo desagradable de la ciudad con su escualidez su suciedad, su pobreza, y ver la belleza del río, del mar, del cielo. Si uno no es apasionado, ¿cómo puede ser sensible a todo eso? ¿Cómo puede sentir una sonrisa, una lágrima? El amor, les aseguro, es pasión.

Jiddu Krishnamurti. El libro de la vida.

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