Obviamente, tiene que haber pasión, y el problema es cómo revivir esa pasión. No nos interpretemos mal el uno al otro. Quiero decir pasión en todo sentido, no meramente pasión sexual, que es una cosa muy pequeña. Y casi todos nos satisfacemos con eso, porque toda otra pasión ha sido destruida: destruida en la oficina, en la fábrica, siguiendo la rutina de cierta ocupación, aprendiendo técnicas, ahí no ha quedado, pues, pasión alguna, no hay un sentido creativo, un sentido de urgencia y liberación. Debido a eso, el sexo se vuelve importante para nosotros, y allí nos extraviamos en la pasión subalterna, que se convierte en un problema enorme para la mente estrecha que se considera virtuosa, o de otro modo se vuelve un hábito y muere. Reitero: uso la palabra pasión con el sentido de una cosa total. Una persona apasionada que siente con gran intensidad no se satisface tan sólo con alguna insignificante ocupación, tanto si es la de un primer ministro como la de un cocinero, o la que prefieran. Una mente apasionada inquiere, explora, observa, investiga, exige; no trata de encontrar algún objeto para satisfacer su descontento y echarse a dormir. Una mente apasionada busca a tientas, se abre paso en la oscuridad, no acepta ninguna tradición; no es una mente afirmada en sí misma, una mente que ha llegado, sino que es una mente joven que está siempre llegando.

El libro de la vida. Jiddu Krishnamurti.

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