La base de la sociedad es la colaboración. La base del capitalismo es la competencia. En un contexto de colaboración, el aporte y el éxito de uno, es ganancia para todos. En un contexto de competencia el éxito de uno, es la pérdida de otro. Por ello, cuando menos tenemos que reconocer que no podemos fundar una sociedad pacifica con esta incoherencia. Pretender que la sociedad se desarrolle por medio de la competencia es asumir tácitamente la agudización de su fragmentación y por ende, el conflicto permanente.
Tenemos el imperativo de reformular con urgencia esta contradicción.

Tomemos a la guerra como una idea, como una metáfora. Qué es la guerra sino una competencia armada por un objetivo específico? Ya hemos dicho que el miedo da lugar al odio y el odio al ataque. El ataque como respuesta a otro ataque, no hace más que perpetuar la continuidad del odio y el miedo. Alimentamos la “idea guerra” con este círculo, sin poder detener la espiral ascendente de violencia.

Cómo se puede detener el ataque? Es evidente que por medios pacíficos, sin medias tintas. Nos hemos acostumbrado a competir, por cualquier cosa. Es una situación que instaura un estado de alerta constante, de desconfianza total (por ello tanta legislación y regulación), y de lucha latente contra “lo otro”. Quién puede estar en paz así? Quién no intentaría levantar una muralla, quién no desearía seguridad tras una espada que le protegiese? Es éste el mundo que soñamos?

Me niego a creer que la inteligencia humana quede atrapada en este laberinto tan insulso. La paz no solo es posible, sino que es un un hecho, y por tanto requiere condiciones que la posibiliten. Pero no podemos albergar contradicciones, ni transigencias. La paz no se logra por otros medios que los pacíficos. Como lo afirmó con total sabiduría Mahatma Gandhi “No hay camino hacia la paz, la paz es el camino”.

Éstas son solo letras impresas en una pantalla o una hoja, lo importante aquí es tu decisión en favor de la paz. Sin transigencias, sin dar lugar al miedo o al odio. Las respuestas provenientes de esos pozos emocionales nos llevan al desastre. Esto no es trivial, ni meramente un dicho, tiene que ser una declaración, una afirmación, un estilo de vida.
Las ideas se hacen fuertes al compartirlas. Haz de la paz tu camino, y verás que no estás sólo, verás como otros se sumarán, porque nadie busca realmente otra cosa.

El fin de la Guerra (III) La seguridad

 

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