El pasado febrero de 2016 el planeta registró un aumento de 1,35 ºC respeto a las temperaturas de finales del siglo XIX. Los últimos datos de la NASA no dejan lugar a dudas: el calentamiento global está adquiriendo velocidades sin precedentes. Vamos camino de incumplir, mucho antes de lo previsto, el límite de 2ºC de calentamiento global respecto niveles preindustriales acordado el pasado diciembre durante la COP21 en París.

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Foto vía Nasa.

Un año antes de que los dirigentes políticos mundiales sellaran el Acuerdo de París, el quinto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change–IPCC) -máxima autoridad científica sobre el cambio climático- ya avanzaba qué deberíamos hacer para contener el calentamiento a 2ºC. En 2050, el mundo debe reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero un 50% respeto a los niveles de 2010.

El modelo energético y el cambio climático son causa y consecuencia, dos temas inseparables. En 2015, la International Energy Agency (IEA) estimaba que el sector energético es responsable del 68% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Así pues, el reto de descarbonizar la economía en 40 años supone un cambio de paradigma en el modelo energético. ¿Es posible un mundo sin combustibles fósiles?

Para hacernos una idea de la magnitud del desafío, un estudio de Deloitte pronostica que si España quiere cumplir el Acuerdo de París, en 2030 deberíamos haber instalado el equivalente a 140 millones de paneles solares en energías renovables. En 14 años también deberíamos estar matriculando alrededor de 750.000 coches de 0 emisiones anualmente, lo que dejaría las ventas de vehículos convencionales a cantidades residuales.

Revolución energética = Revolución fiscal y política

Es evidente que nos encontramos delante de una verdadera y urgente revolución energética. Los cambios en el modelo de producción y consumo son tan inminentes como necesarios. La tecnología, aunque de vital centralidad, no será el único motor del cambio. La política y la geoestrategia también jugarán un papel clave al ser la energía el sector estratégico por excelencia.

En el ámbito político global, el primer y más urgente cambio es el del marco fiscal. El Fondo Monetario Interncional (FMI) estima que en 2015 las subvenciones a los combustibles fósiles tuvieron un coste económico de alrededor de 5.3 billones de dólares, un 6.5 % del PIB global.

El primer paso para la transformación energética es eliminar los subsidios a los combustibles fósiles y traducirlos en ventajas fiscales para las renovables. En ese sentido el cambio de las políticas energéticas internacionales va a marcar las próximas décadas. La transición va a necesitar de liderazgos políticos altamente comprometidos en un tablero de juego donde los países del Golfo Pérsico querrán bloquear cualquier esfuerzo internacional para dejar atrás su modelo productivo.

Además, debemos tener en cuenta el peso político de los grandes poderes económicos. Según Forbes, entre las 10 mayores compañías por facturación en 2015, 6 son petroleras y otras 2 automovilísticas. Pese a la recuperación económica mundial, estas 8 empresas llevan acumulando pérdidas de ingresos y activos durante sus últimos ejercicios. Marcando una clara tendencia global, el declive de las “Big Oil” empezó años antes del desplome del precio del petróleo. No obstante,  este terremoto económico está tambaleando las estructuras del sistema energético actual.

A priori, la caída del precio del petróleo debería frenar la implementación de las nuevas tecnologías renovables. Sin embargo, los datos publicados por Bloomberg en 2016 auguran lo contrario:las renovables ya llevan más de tres años superando a las fósiles en nueva capacidad instalada. Aunque el precio del petróleo baje, la energía fotovoltaica y sobretodo la eólica ya han alcanzado la llamada paridad de red –su precio es competitivo con las fuentes convencionales de electricidad– y van a seguir reduciendo su precio vertiginosamente. Por si fuera poco, este impresionante aumento del rendimiento de las renovables ha sido con muy poco apoyo político y fiscal. Solo imagina cuánto podríamos hacer si los subsidios a las energías fósiles se pasaran a las renovables.

El potencial económico de las renovables nos asegura la viabilidad de la urgente transición. Pero no debemos confundirnos, la revolución energética no debe estar basada en el lucro económico, sino en el imperativo moral de respetar los sistemas naturales y las comunidades que vivimos en ellos.

El difícil equilibrio entre consumo y producción

La sociedad, la economía y la política están cada vez más determinadas al cambio de modelo. Pero la construcción de una sociedad cero-carbono conlleva importantes desafíos tecnológicos que deben encontrar solución.

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El primer de los retos es la disparidad entre la producción renovable y el consumo de energía. En 2013, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), solamente el 18% del consumo energético global fue en forma de electricidad. Sin embargo, las tecnologías limpias con más potencial, solar y eólica, tan solo producen electricidad. Debemos entonces encontrar nuevas aproximaciones para sustituir el consumo de combustibles fósiles, que suma dos tercios del total. Hay dos maneras de hacerlo, adaptar el consumo a la producción o adaptar la producción al consumo:

La primera opción comportaría electrificar la sociedad: mercancías por ferrocarril, coches eléctricos generalizados, y electrificación de procesos industriales y sistemas de calor-frío. Aun así, el mayor reto sería el de transferir el transporte marítimo y aéreo al sistema eléctrico.Para la segunda opción, deberíamos establecer una producción sostenible de combustibles renovables. O bien, generar hidrógeno a partir de excedentes eléctricos, proceso que promete reducir costes a medida que las renovables avancen.

El reto de la intermitencia y la energía bajo demanda

El segundo desafío es de dimensiones similares y comparte los mismos orígenes y posibles soluciones. Se trata de la intermitencia estacional y diaria de la solar y la eólica. Por ahora, la energía renovable no se puede disfrutar cuando se quiera -como el petróleo-, sino cuando se pueda. También hay más de una alternativa tecnológica para dar respuesta al desafío:

Fortalecer las redes eléctricas. Aumentando la interconexión se puede favorecer la penetración de las renovables al suavizar su variabilidad sobre áreas geográficas más extensas. Al mismo nivel, también será clave la implantación de sistemas de control para las Smart Grid. Ambas soluciones empiezan a ser implantadas por la UE bajo programas como la Energy Union, pero encarecerán los costes de distribución de la electricidad y frecuentemente encuentran resistencia entre la población por su impacto sobre el territorio en proyectos como la MAT. La ya famosa tecnológica de Silicon Valley, Tesla Motors, puso en el mercado el año pasado lo que augura será la solución a la intermitencia. Se trata de una batería doméstica que permite almacenar la energía producida por fuentes renovables. El mensaje es claro, para sustituir a los combustibles fósiles, las renovables deben proporcionar energía bajo demanda e instantáneamente.

Al igual que en el primer desafío, la producción de combustibles renovables también daría respuesta al problema de la intermitencia. Así, los desarrollos en la producción de combustibles solares mediante fotosíntesis artificial y biohidrógeno ganan cada vez más adeptos. Todo apunta a que estas jóvenes tecnologías deberán coexistir en un futuro con la generación eléctrica de hidrógeno.

Diversifica y vencerás

La pregunta del millón, ¿cuál de las posibles soluciones dominará el futuro modelo energético? Pues no hay respuesta cierta. Lo más probable, y lo más lógico, es que tendrán que coexistir y complementarse. Como nos enseña la Naturaleza, no hay mejor valor que la diversidad.

La diversificación en la revolución energética es clave para su estabilidad. En el futuro vamos a ver cómo mientras la electrificación de la sociedad avanza, también lo hace el desarrollo de los combustibles renovables. Las dos aproximaciones no son excluyentes, por separado seguramente no darían respuesta a los nuevos retos del sistema energético.

En otro apunte, es deseable diversificar el sector de las renovables para adaptarse a condiciones ambientales, geográficas, sociales, políticas y económicas cambiantes. El mundo conoce realidades muy distintas, una mayor paleta de tecnologías nos permitirá llegar más lejos, más deprisa; y así poder acometer la tan urgente transformación energética mundial.

¿Qué puedo hacer yo?

La revolución energética es a nivel global, comunitario y personal. Todos somos necesarios y todos podemos hacer mucho para cambiar el modelo. Como tantas cosas en la vida, el cambio se basa en tres pilares:

Sé crítico con tus opciones de consumo

Toma las pequeñas y grandes decisiones teniendo en cuenta el modelo energético que quieres para tu futuro y el de los demás. Evita volar, muévete en bici o en transporte público cero-emisiones. Consume productos locales, reduce el consumo de carne y ahorra en la aclimatación del hogar.

Empodérate de la producción de tu propia energía

La revolución empieza contigo mismo. Si no estás de acuerdo en cómo las eléctricas y petroleras generan la energía, ¡prodúcela tú mismo! El precio de las baterías, los paneles fotovoltaicos y la eólica está bajando en picado. Y si quieres sumar fuerzas para un cambio de más envergadura, únete a una cooperativa energética: SomEnergia,Ecoo y Zencer son referentes en España.

Participa en el cambio social

Utiliza tu herramienta más útil, da ejemplo. Influencia tu entorno social, económico y político. Comparte tus ideas y propuestas para un modelo sostenible. Manda un mensaje a los poderes financieros: saca tu dinero de los bancos que inviertan en energías contaminantes y apuesta por las inversiones en renovables. Cambia el discurso político, pon el debate en el centro de la mesa, la revolución energética va a afectar a todos los ámbitos de la sociedad, ¿porqué no hablar de ello y apoyar las iniciativas más ambiciosas para dejar atrás los combustibles fósiles? Todos podemos contribuir al cambio de modelo energético.

Fuente: http://www.unitedexplanations.org/2016/04/01/es-posible-un-mundo-sin-combustibles-fosiles-claves-para-la-transformacion-energetica/

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