El fin de la guerra (II) La cadena, el eslabón.

Quiénes empuñan armas? Quiénes las fabrican? Quiénes ciegan su vista con el odio y el miedo? Pues, la respuesta es tan concreta como amplia. Muchos son los que se enrolan en esta cadena. Desde aquel que arenga detrás de una pantalla, sentado y de traje, hasta el que empuña el arma y dispara.

Al día de hoy no podemos engañarnos, las guerras son financiadas por quienes tienen mucho, pero mucho dinero. Entidades supranacionales y Estados o asociaciones de los mismos. Los pobres no pueden comprar portaaviones, tanques, y a su vez mantener un ejército alimentado, armado, con capacidad de movilización, etc. A pesar de esto, quienes participan en los actos bélicos no necesariamente son ricos, de hecho, muchos no lo son.

Pero qué es lo que hace que cualquiera pueda estar en el campo de batalla? Qué es lo que mueve a un ser humano hacia el infierno?

La propaganda hace alusión a muchas ideas. Depende quién este del otro lado (enemigo). En diferentes tiempos y lugares los enemigos tomaban a su vez diferentes formas. Lo importante es que haya un enemigo, es decir, una justificación y una causa para mi ataque o defensa. No importa de que lado se esté, siempre se construirán razones para hacer necesaria y posible la guerra.

Sea cual sea el argumento, nunca se basa en ideas de paz, de amor, o de cualquier otro gran ideal humano. Sería contradictorio (Mente fragmentada (I) Invisibilidad) aunque no siempre se puede ver, ensalzar un conflicto bélico con motivos humanitarios.

Ya hemos dicho que el único móvil real para un acto bélico es el miedo y el odio. Vea atentamente la propaganda belicista y se dará cuenta de que esto es así. Cualquier sentimiento de justicia está alimentado o basado en el miedo a perder algo, a ser destruido, en el odio a la infamia del agresor, etc.
Si las guerras de hoy día no tienen nada que ver con la supervivencia, con qué motivo sino éste, se siguen alimentando? No sería más fácil que todos deploremos la guerra? Acaso parece imposible evitarla? Si, en la medida de que los discursos de miedo y odio continúen atrayendo creyentes, no habrá cambio.

El fin de la guerra (I) Imagina la posibilidad

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