Las guerras nacen del odio, el miedo y el resentimiento. En el pantano de la ambición y el terror, se caldea la germinación futura de la búsqueda del poder, de la autoridad, la seguridad basada en el miedo y la imposición de condiciones que irremediablemente llevarán a una resistencia (otra guerra) más que a la promesa de paz que dicen albergar sus promotores

Las guerras parecen ser una mezcla de ambiciones de poder y seguridad, alimentadas por un sentimiento (real o imaginado) de carencia (en todas sus expresiones y manifestaciones). Históricamente, podemos suponer a la ligera, que algunos pueblos se han confrontado por razones de supervivencia, pero conforme pasa el tiempo, estas razones cada vez muestran una compleja conformación de variables, justificaciones y necesidades, que alejan o secundarizan la supervivencia.

Haciendo un recorte arbitrario, desde el 1900 y en adelante, se puede ver claramente que las guerras no fueron suscitadas por la necesidad de supervivencia (si bien podemos excluir los casos en que la lucha armada tomaba un carácter de vida o muerte). La expansión imperial, la competencia y el deseo de ser superior se ajustan más a las modalidades de gobernación, política exterior, militar y económica. Se puede hipotetizar que la lucha por la supervivencia había tomado esa forma. Sin embargo no se puede homologar las identidades nacionales, la posible competencia de los estados nacientes como unidades, al instinto de conservación. El hecho de defender un ente abstracto, implica muchas más consideraciones de las que ahora vamos a tratar, pero es evidente que no implica directamente la supervivencia. 

Las razones fueron otras. No es el propósito de este desarrollo agotar esa “etiología”, lo cual parece una empresa casi infranqueable, pero si podemos detenernos en el centro, en el foco de atención subyacente. Es totalmente cierto que las necesidades materiales mueven a los pueblos, a las naciones, mueve a los individuos que las constituyen. Al parecer y en gran medida es así (aunque hay sobrados casos en la historia, donde ciertos sujetos o culturas practican algún tipo de renunciación que alivia esta carga, no siendo motivo de su atención como tampoco de su impulso). La materia que estudia este fenómeno es principalmente la economía. 

Entonces, qué sucedería si los pueblos dejasen de competir? Qué sucedería si se establecen las condiciones materiales de una seguridad alimentaria, energética, habitacional y posterior (posterior es un decir, ya que los procesos son indivisibles) e irremediablemente la seguridad cultural (libertad de pensamiento, culto, de organización económica, etc.)? 

No es momento de decir que esto es imposible, primero ensayemos en el pensamiento, una sociedad del futuro, lejos de este tumulto y fascinación por el ataque y el cultivo del miedo de unos por otros. Ensayemos primero en el plano abstracto. Si no nos permitimos deconstruir lo que creemos imposible, entenderlo y crear un puente, jamás nos superaremos. De hecho, no es necesario decir mucho más, ya que eres un contemporáneo de mi época y puedes ver como lo imposible cede al plano de lo creativo.

El fin de la guerra (II) La cadena, el eslabón 

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