Marinero!

Retorcedme sobre el mar,

al sol, como si mi cuerpo

fuera el jirón de una vela.

Exprimid toda mi sangre.

Tended a secar mi vida

sobre las jarcias del muelle.

Seco, arrojadme a las aguas

con una piedra en el cuello

para que nunca más flote.

Le di mi sangre a los mares.

¡Barcos, navegad por ella!

Debajo estoy yo, tranquilo.

De una Antología Poética… extracto de Grumete, Rafael Alberti.

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