Maestro (hablando a un estudiante): Te diré la verdad: no hay nada malo en que estés en el mundo. Pero debes dirigir la mente hacia Dios; de otra manera no triunfarás. Cumple tus deberes con una mano y con la otra sostente de Dios. Una vez que hayas cumplido con tu deber, tienes que asirte a Dios con ambas manos.

“Todo es cuestión de la mente. Esclavitud y liberación sólo pertenecen al campo de la mente. La mente tomará el color con el cual la tiñas. Es como ropa blanca recién venida del lavadero. Si la sumerges en colorante rojo, será roja. Si la sumerges en azul o verde, será azul o verde. Tomará sólo el color en el cual la sumerjas, cualquiera que éste sea. ¿No has notado que si lees un poco inglés enseguida comienzas a pronunciar palabras en inglés: Foot fut it mit? [solo pronuncia la fonética, no intenta hablar el idioma]. Luego te pones botas y silbas una tonada, etc. Todo acontece en forma sucesiva. O si un erudito estudia sánscrito, enseguida comenzará a parlotear versos en sánscrito. Si andas en mala compañía hablarás y pensarás como tus compañeros. Por otra parte, cuando estás en compañía de devotos, pensarás y hablarás sólo de Dios.”

Una vez alguien me dio un libro de los Cristianos. Le pedí que me lo leyera. No hablaba sino del pecado… También en vuestro Brabmo Samaya no se oye hablar de otra cosa que de pecado. El infeliz que repite constantemente, ‘Estoy atado, estoy atado’ lo único que consigue es estar esclavizado. Aquel que dice día y noche, ‘soy un pecador, soy un pecador’ realmente llega a ser un pecador.

Uno debe tener tal ardiente fe en Dios de manera que pueda decir: ‘¿Y qué? He repetido el nombre de Dios, ¿puede aún el pecado adherirse a mí? ¿Cómo puedo seguir siendo un pecador? ¿Cómo puedo ser esclavo aún?

Extraído de: El Evangelio según Sri Ramakrishna, tomo 1.

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