Un devoto, encuentra a su maestro. En los primeros encuentros, simplemente, se conocen. El maestro, con sus preguntas, no hace más que develar a su nuevo discípulo. Este relato, lo realiza M. Quién fascinado con las enseñanzas de Sri Ramakrishna, escribió un libro.

“MAESTRO: ¿qué clase de persona es tu esposa? ¿Tiene atributos espirituales o está bajo el poder de avidiá?”

M.: “Es buena. Pero me temo que es ignorante.”

MAESTRO (con evidente disgusto): “¡Y tú eres un hombre de conocimiento!”

M. aún tenía que aprender la diferencia que existe entre conocimiento e ignorancia. Su concepto, hasta ese momento, era que uno obtiene conocimiento de los libros y escuelas. Más tarde, abandonó este falso concepto. Le enseñaron que conocer a Dios es conocimiento y no conocerlo, ignorancia. Cuando Sri Ramakrishna exclamó: “¡Y tú eres un hombre de conocimiento!”, el ego de M. recibió nuevamente una terrible sacudida.

MAESTRO: “Bien; ¿crees en Dios con o sin forma?”

M. algo sorprendido se dijo a sí mismo: “¿Cómo puede uno creer en Dios sin forma cuando uno cree en Dios con forma? Y si uno cree en Dios sin forma, ¿cómo puede creer que Dios tiene una forma? ¿Acaso pueden estas dos ideas contradictorias ser verdad al mismo tiempo? ¿Acaso puede un líquido blanco como la leche, ser negro?

M.: “Señor, me gusta pensar en Dios sin forma.”

MAESTRO: “Muy bueno. Es suficiente tener fe en cualquiera de estos aspectos. Tú crees en Dios sin forma; está muy bien, pero jamás pienses, ni por un momento, que sólo esto es verdad y todo lo demás falso. Recuerda que Dios con forma, es tan verdad como Dios sin forma, pero adhiérete fuertemente a tu propia convicción.”

La aseveración de que ambas cosas eran igualmente verdad, asombraron a M.; jamás había aprendido esto de sus libros. Así, su ego recibió un tercer golpe; sin embarga, no sintiéndose completamente derrotado, se adelantó a argüir un poco más con el Maestro.

M.: “Señor, supongamos que uno cree en Dios con forma. ¡Indudablemente Él no es la imagen de arcilla!”

MAESTRO (interrumpiéndole): “Pero ¿por qué de arcilla? Es una imagen de Espíritu.”

M. no podía comprender bien el significado de esa “imagen de Espíritu” y dijo al Maestro:

M: “Pero señor, habría que explicar a aquellos que adoran la imagen de arcilla, que no es Dios y que mientras la están adorando deberían tener en vista a Dios y no a la imagen de arcilla. Uno no debería adorar a la arcilla.”

MAESTRO (severamente): “¡Esa es la manía de ustedes, la gente de Calcuta —dando conferencias y guiando a otros hacia la luz! Jamás nadie se detiene a considerar cómo obtener la luz uno mismo. ¿Quiénes sois vosotros para enseñar a otros?
“Él, que es el Señor del Universo, enseñará a todos. Sólo Él nos enseña; Él, que ha creado este universo, que ha hecho el sol y la luna, los hombres y las bestias y todos los seres; que ha provisto los medios para su sustento; que ha dado padres a los niños y los ha dotado de amor para criarlos. El Señor ha hecho tantas cosas, ¿no va a enseñar a la gente el modo de adorarLe? Si necesitan enseñanza, entonces Él será el Maestro. Él es nuestro Gurú Interno.

“Supón que haya un error en adorar la imagen de arcilla; ¿no sabe acaso Dios que a través de la imagen, sólo Él es invocado? Se sentirá complacido con esa sincera adoración.

¿Por qué habrías tú de tener un dolor de cabeza por ello? Mejor sería que tú mismo trataras de obtener conocimiento y devoción.”

El Evangelio de Sri Ramakrishna (Tomo I)

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