“En 1581, Felipe II había afirmado, ante la audiencia de Guadalajara, que ya un tercio de los indígenas de América había sido aniquilado, y que los que aún vivían se veían obligados a pagar tributos por los muertos”

…La Corona consideraba tan necesaria la explotación inhumana de la fuerza de trabajo aborigen, que en 1601, Felipe III dictó reglas prohibiendo el trabajo forzoso  en las minas y, simultáneamente, envió otras instrucciones secretas ordenando continuarlo <<en caso de que aquella medida hiciese flaquear la producción>>.  Del mismo modo, entre 1616 y 1619 el visitador y gobernador Juan de Solórzano hizo una investigación sobre las condiciones de trabajo en las minas de mercurio de Huancavélica: <<…el veneno penetraba en la pura médula, debilitando los miembros todos y provocando un temblor constante, muriendo los obreros, por lo general, en el espacio de cuatro años>>…

…Los indios de las Américas sumaban no menos de setenta millones, y quizás más, cuando los conquistadores extranjeros aparecieron en el horizonte; un siglo y medio después se habían reducido, en total, a sólo tres millones y medio.”

 

Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano

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