Introducción

En esta pequeña reseña, no se pretende encontrar ni buenos ni malos. Se trata de manejar hechos y por sobre todas las cosas, contradicciones. Delatar alguna que otra visión que se ha naturalizado con tal fuerza que hoy es piedra angular del pensamiento cotidiano y general en las sociedades occidentales; por tanto, incuestionable. Cada pensamiento o creencia, tiene una historia, un fundamento. No existen los axiomas como en la matemática. Cada idea, concepto, imaginario, es pasible de ser delineado por el trazo de una sucesión de hechos, un relato a modo de historia que le antecede y le sirve de sustento. Así como las palabras tienen su etimología, se podrá decir que las ideas, tienen su “razón de existencia” o raíz.

El ejercicio de la violencia y el derecho a la violencia.

Al parecer la violencia, de cualquier orden, es un padecimiento generalizado de nuestro tiempo. No hay quién no se refiera con cierto asombro y temor, a los altos niveles de violencia con los cuales convivimos. Sin embargo, la mayoría de las veces se la relata como un “hecho ajeno o externo”. Es decir, la violencia se “ve” como escena o se siente en carne propia, pero pocas veces se dice que uno ha actuado de forma violenta. Este es el primer invisible. La violencia como un hecho “externo o ajeno”. Esto, hablando en términos puramente subjetivos.

Por otro lado, hay quienes pueden ejercer la violencia (por legitimación institucional o social), por tanto tienen derecho a ella y quienes, sencillamente no. Mas, el derecho o la legitimación no eximen del poder de ejercicio. Hoy vemos que un grupo de musulmanes empuña armas por una causa “x” (no importa la justificación sino el hecho) y son tildados como violentos o propensos a la violencia. Por extensión, el islam se va tiñendo de ese prejuicio al mostrar un pakistaní, un afgano, un iraquí, etc., en la misma situación. Pero, al parecer eso no pasa con los occidentales judeo-cristianos. Se puede afirmar con toda certeza que el poder bélico de occidente es ampliamente mayor, incluso que la cantidad de conflictos armados, es igual o mayor, sin embargo no hay estigmatización igual o mayor a la árabe-musulmana. ¿Por qué? ¿Es qué un supuesto hombre civilizado hace menos daño que un incivilizado cuando tira una bomba o empuña una metralleta? ¿Es más justo el que mata vestido de militar que el que se viste de civil? ¿Qué diferencia existe en 20 muertos por un suicida y 20 muertos mediante bombardeo aéreo? Evidentemente, la diferencia es la tecnología, el poder y preparación, el tiempo dedicado para pergeñar un arma (que conste que un mártir no necesita demasiado entrenamiento, un piloto, si). En lo demás, son lo mismo. El derecho a la violencia, es patrimonio de unos pocos, el resto, tiende a ser anulado si utiliza el derecho de otros.

Fanáticos y fanatismos.

Otra concesión obsequiada al islam. El fanatismo religioso. No hace mucho los diarios fueron atiborrados con titulares que versaban sobre manifestaciones violentas, realizadas por musulmanes, debido a caricaturas de Mahoma y una película, avance o corto, que no solamente era un insulto a la inteligencia, sino que también intentaba insultar la figura del profeta. Por aquí y por allá los comentarios de estas reacciones “desmedidas”. Si, por supuesto, desmedidas si fuera esta la única causa. La capacidad que tiene la noticia (flash) de borrar el contexto es maravillosa. Fíjese: Egipto se independiza de Gran Bretaña en 1952. Libia en 1951, gracias a la intervención de la ONU, deja de ser colonia italiana y se vuelve un país independiente. Siria, en 1941, le fue concedida la independencia de Francia, quienes la desocuparon en 1946. Irán, 1979, la revolución islámica derroca al Sha, quién respondía a los intereses de EEUU. No voy a continuar, con esto basta para un ejemplo, en todo caso, siga buscando más información y se sorprenderá. ¿De dónde viene la “ira musulmana”? ¿Por qué se irritan de tal manera que siendo unas caricaturas y un corto fraudulento, salen a las calles cómo bestias? Es claro que no son ni las caricaturas, ni el pésimo corto. Son naciones jóvenes, apenas con unas décadas de independencia de derecho, no de hecho. Una metrópoli puede abandonar territorialmente, incluso en el plano del derecho, pero eso no significa que en los hechos económicos, culturales, políticos, no tengan injerencia. Seríamos muy ingenuos si creyéramos eso. Entonces, siendo naciones jóvenes, derruidas y empobrecidas por las ocupaciones occidentales, las cuales, se han dado el lujo de bombardear y masacrar diferentes poblaciones civiles, so pretexto de la seguridad internacional. ¿Serán las caricaturas que provocan al fanatismo? ¿Será un corto mal hecho que los indigna o la bota que no les deja levantar cabeza?

Una regla, varias medidas.

¿Qué hace a los judíos legítimos acreedores de un territorio específico?  Toda creencia es respetable, más allá de su veracidad o credibilidad. En principio, todo se funda bajo una creencia. El dinero, los estados, la ciencia, los números, todos están amparados en la complexión de nuestra creencia en ello, de nuestra filiación a una idea o ideas. Las religiones, también. Todas se declaran verdaderas y su sustento, es la creencia. El pueblo judío, identidad abstracta pero sólida, tiene ya una larga historia. Reclaman a su vez, la tierra que Dios les prometió, lo que hoy llamamos en parte Palestina y lo ya concedido a Israel. Bajo este criterio, “tierra prometida” fundan su exigencia. Aclaro, no estamos para juzgar si está bien o mal, es un dato, un recorte de la realidad. A finales de la segunda guerra, Inglaterra (madre y padre de muchas naciones), insta a la creación del Estado de Israel. Allí se sucede el antecedente del conflicto actual. Parte del pueblo judío reclamará con énfasis aquellas tierras prometidas. Suyas por legado histórico. Evidentemente, esto crea un antecedente. Tal reclamación y concesión, al parecer, legitimas, no se trasladan a otras de igual envergadura. Si por tal se entiende que un grupo humano, basado en su historia y creencias, puede reclamar una tierra, la cual no habitaban bajo la forma de Estado (tal vez si como individuos) pueden acceder a ella, ¿qué pasa con los indígenas de América, África, Asia?  ¿Acaso bajo la misma regla, no deberían retirarse con justa  entereza, todos los occidentales-europeos que ocuparon tierras que no les eran propias? ¿Por qué viven en reservas o son desplazados muchos de los que son habitantes originarios de las Américas, África o Asia? ¿No debería con el mismo imperioso ideal, Gran Bretaña, la ONU, EEUU, patrocinar una concesión similar a los indígenas? Esto suena descabellado ¿verdad? Aunque técnicamente, no lo sea.

Gaza, sufre bloqueo, bombardeo y control externo. Están literalmente cercados. Sin embargo, no cuentan con apoyo del derecho internacional. En cambio, el Estado de Israel, quién monta una situación alarmante desde el punto de vista humanitario, no cuenta ni siquiera con sanciones del derecho internacional. “Recientemente, después de varios años de esfuerzos, la organización israelí de derechos humanos Gisha logró obtener una orden judicial para que el gobierno dé a conocer sus registros que detallan los planes para la dieta. Jonathan Cook, un periodista basado en Israel, los resume así: “Funcionarios de salud ofrecieron cálculos de la cantidad mínima de calorías necesarias para que el millón y medio de habitantes de Gaza evitaran la desnutrición. Esas cifras fueron luego traducidas a los cargamentos de alimentos que Israel permitiría que ingresaran cada día, un promedio de apenas 67 camiones –mucho menos de la mitad del mínimo requerido– entraría en Gaza diariamente. Esto comparado con más de 400 camiones antes de que empezara el bloqueo”.” (Noam Chomsky en “Gaza, la prisión al aire libre más grande del mundo“). Más allá de esto, más allá del bloqueo, no existe interrogatorio ni cuestionamiento, pero si una deliberada campaña de igualar cada acto insurrecto palestino con acciones de corte islamistas o llevadas adelante por Hamas, lo que implica, terroristas. No se da lugar a ninguna otra interpretación. La lucha Palestina en los medios no existe más que al margen de la lucha de Hamas, organización, a todas luces, terrorista. De esta forma, toda acción queda marginalizada y cristalizada fuera de cualquier solicitud justa, de pleno derecho.

Un musulmán, un terrorista; un judío, un judío; un cristiano, un cristiano.   

Verá usted la simpleza de razonamiento que funciona en el imaginario. El postulado que hace de subtitulo, es maravillosamente general, atrozmente general, pero diríase que más atrozmente compartido. Apelamos al material gráfico.

Aquí terroristas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Aquí?

¿Ve un terrorista en la segunda imagen? ¿Qué le diferencia del anterior? ¿Qué los primeros ya terminaron de leer el Corán? ¿Tienen cubiertos los rostros y éste no? Volvemos al mismo punto, la legalidad del ejercicio de la fuerza, por ello el presunto anonimato. Pero la sangre que correrá por sus manos, seguirá siendo roja.

No defiendo ni a unos ni a otros, tampoco justifico. Aquí hay gato encerrado. Hamas organización terrorista, ejército israelí, organización de estado. Se puede dirimir por los fines. Si, tal vez, pero prefiero los hechos. Las declaraciones se diluyen en la contrastación con los actos consumados. Un Estado no es garantía de derechos humanos, la adscripción a una declaración internacional no significa su cumplimiento y así sucesivamente. La historia lo demuestra.

Si quiere paz o democracia, comience una guerra.

Algunas consideraciones más sobre geopolítica.

PD: Este post es un ensayo. Tendrá modificaciones y está abierto a comentarios y sugerencias en cuanto a su desarrollo temático. Las ampliaciones, serán por medio de enlaces a otros post.

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