Hay a esta altura unas cuantas cosas que decir, me quedaré corto en el mar de injusticias en el que nos encontramos, sin embargo, lo que podamos mencionar y aclarar en nuestras mentes, es un buen comienzo.

1- Descolonización total de los territorios, tanto de derecho como de hecho.
Ni opresión política, económica o armamentística, de ningún tipo y bajo ningún concepto puede ser tolerada. Ningún país puede ser tolerado ni tomado en serio en el marco de la democracia y la comunidad internacional, mientras mantenga territorios colonia.
Vetar, eliminar, menguar su fuerza en el plano internacional hasta no saldar la deuda moral que mantienen con los pueblos colonizados. De esta forma, podremos empezar a hablar de democracia verdaderamente.

2- Planificar la economía.
Basta de mitos y miedos creados, basta de leyendas de manos invisibles reguladoras, a la vista está que la economía entra en crisis cada cierto tiempo, y peor aún, más allá de las crisis, no ha resuelto los graves problemas que sufren la mayoría de las naciones para brindar una vida digna a su gente. Todo buen y serio proyecto es planificado; la investigación científica se planifica, el sistema educativo, sanitario, las empresas hacen proyectos de desarrollo, de inversión, las naciones planifican su inserción a nivel internacional; entonces, ¿por qué creer que la economía funciona diferente al resto de las actividades humanas enmarcadas en un tiempo y sociedad específica? ¿Por qué seguir creyendo que la economía funcionará mejor si la dejamos librada a su suerte en vez de realizar una conveniente planificación, por qué?

3- Desmitifiquemos el imperio de la fuerza, no más armas, ni guerras.
Se puede afirmar en este momento que la mayor victoria que han conseguido, quiénes se aferran y luchan con conciencia por este modelo de humano y por tanto de humanidad, que han vencido en cierto plano, pero no por medio de su poder armamentístico, sino por el poder de sus ideas.
Es un gran error creer que la fuerza está en las armas, no está ahí, la fuerza está en las ideas, y siempre estuvo ahí. Que en el paso del tiempo se haya instalado con firmeza que las armas son una necesidad, y la guerra una consecuencia de una situación dada, no son más que victorias en el plano de las ideas. La fuerza no está en las armas, sino en las ideas que han llevado a su “necesidad”. Esta “necesidad”, plantea por lo menos, todo un cuadro de situación (sino más), una amenaza real o posible, una debilidad, y los más importante, una forma de afrontar los problemas, y eso es lo que está a nuestro alcance modificar. En el tiempo, hemos demostrado resolver los conflictos de mil maneras, incluso, día a día se resuelven conflictos de diversa índole sin recurrir a la fuerza de las armas y al dolor de la guerra. Sin embargo, aún no logramos entender dónde está nuestra verdadera fuerza, el mundo no es como es, ha sido forjado, y la fuerza con que se ha forjado está en las ideas.

4- Tolerancia a la diferencia.
Esta puede ser la mención más sencilla de llevar a cabo, pero por la vía de los hechos, podríamos dudar de ello. No hemos comprendido aún que el terreno más importante donde librar batalla es en nuestro fuero interior, que las declaraciones, declaraciones son, y que los hechos son donde se define si golpeamos a alguien o le damos la bienvenida. Es tarea constante, una práctica cotidiana, la que nos puede llevar a comprender cuales son nuestros impedimentos, nuestros rechazos absurdos, nuestras fobias ideológicas, espirituales, sociales, raciales, etc. La tolerancia no puede quedarse en el plano declarativo, si no la practicamos, no conseguiremos paz. La diferencia, por más distorsiva que le pueda parecer a un grupo o conjunto humano, alberga un gran potencial y contribuye al desarrollo del sistema humano que lo contiene, y por tanto, en última instancia, beneficia a la humanidad toda. ¿O a caso se puede negar que el humano no aprende por contraste y diferenciación?

5- Volver a centrarnos en la vida como valor fundamental.
Ni la economía, ni la salud o educación están centrados hoy día en este valor fundamental. La economía se centra en los macro equilibrios y respetar el libre mercado (si, la mano invisible), el sistema sanitario, en administrar recursos escasos y por ende caros, la educación se vuelve cada vez más una mercancía y no un derecho, por ende se va centrando en la órbita del beneficio económico, y así la lista parece no terminar. No podemos seguir considerando el desarrollo humano descentrado del humano. Es insólito. Si bien es necesario desarrollar etapas en la consecución de objetivos, no podemos confundir el objetivo con el medio. Al día de hoy se cree que hay que tener una economía saludable para que la nación pueda desarrollarse, lo cual es cierto, pero no en su totalidad. Más allá de la tiranía distributiva del producto de la actividad humana, no hemos centrado al humano como objetivo, sino a puntos inter-medios que como consecuencia segunda, lo beneficiarían. Esto no ha tenido éxito para la mayoría de la población humana. Centremos los esfuerzos nuevamente en el humano, que este no dependa de la economía o de la salud, sino al revés, la variable de ajuste siempre es la población y su calidad de vida, lo cual es inadmisible.

6- La producción humana es social, por tanto, todos debemos beneficiarnos dignamente.
No hay nada que lo hagamos solos, siempre necesitamos la colaboración de otro, incluso muerto, usamos sus ideas e inventos. Ningún esfuerzo prospera sin la cooperación de un conjunto humano. No se puede seguir justificando una distribución tan dispar en los beneficios de la producción social teniendo esto en cuenta. Compete a la humanidad toda, distribuir las riquezas de forma que todos estemos en condiciones de hacer valer nuestros derechos así como de cumplir con nuestras obligaciones.

Si esto que se ha dicho aquí le parece un granito de arena en nuestra búsqueda de justicia, paz y felicidad, hazlo circular.

Gracias

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